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Carmen

Carmen, de Prospere Merimé encarna perfectamente la novela tensional del siglo XIX en Europa. En este tipo de obras encontramos el choque entre la Razón ilustrada y la Pasión Romántica, aunque la novela se parezca más a un capítulo de la afamada serie española Curro Jiménez.

Merimé, convertido en un arqueólogo que en España busca los restos de una batalla romana, se topa en su camino con un bandolero que no sale a su paso, sino que tan solo lo ayuda a continuar su camino.

Don José, que representa la bravuconería española, y la picaresca de las bandas de pistoleros castizos, es un bandolero perseguido por la justicia que es salvado por el narrador (el historiador), debido a un chivatazo por parte del arriero de Merimé, que desea entregarlo a las autoridades.

Un canto desgarrador

Don José escapa agradecido. El segundo encuentro se traslada a la ciudad, donde José dirige a Merimé a una pitonisa que le roba un reloj muy valioso. El desencuentro provoca incomodidad en el narrador, que observa cómo la mujer, hermosa gitana, doblega con sus encantos a un hombre ingobernable que se deja dominar para distraer la atención del reloj robado.

 

El tercer encuentro se produce en prisión, donde Don José espera en el corredor de la muerte a ser colgado por sus crímenes. Han pasado varios meses desde el robo del reloj y el bandolero le pide que entregue un mensaje a una mujer que conoció tiempo atrás. El lector piensa que se trata de Carmen, pero la femme fatale lleva muerta varias semanas.

 

En ese instante, Merimé traba amistad con Don José y este le narra sus peripecias y sus cuitas amorosas, desde su huida de Navarra, pasando por su intempestiva relación con Carmen, hasta el asesinato de esta en un barranco cercano.

Sin entrar a considerar los abundantes estudios actuales sobre el mito, podemos afirmar que, según los condicionamientos definidos por G. Durand, que se ha ocupado modernamente del concepto, Carmen tiene las características necesarias para serlo. En nuestro estudio tomamos como punto de partida la afirmación de que el personaje es un mito en cuya formación han concurrido elementos procedentes de la mitología arquetípica: historias en las que intervienen fuerzas fatales, superiores al ser humano, y que por su carácter conectan fácilmente con el receptor, que ve reflejados en ellas sus anhelos y preocupaciones y tiende a relacionarlas con raíces muy profundas de su sensibilidad. Maingueneau parte de que el mito nace de la ópera; nosotros creemos que nace de la novela, a pesar de la gran in-fluencia de la ópera en su desarrollo. La novedad de Mérimée reside, a nuestro juicio, en que partiendo de la temática tradicional del amor fatal, que ha originado obras literarias tan famosas y vario-pintas como Tristán e Iseo, La Celestina o Romeo y Julieta, Carmen renueva el mito de mujer nefasta, haciéndole participar de varios mitos precedentes. Carmen participa del mito de la mujer fatal: es una nueva Pandora, dotada de abundantes dones espirituales y de la belleza física, pero mentirosa y falaz, que abriendo la caja ofrecida por Epitemeo (que ahora es don José), seducido por Pandora, siembra en el mundo todos los males; o las tres Moiras o Furias, dueñas del destino de los hombres. Carmen se presenta en el capítulo II con una clara alusión al mito de Venus, diosa del amor, polígama, <

De la pluma del francés Prosper Mérimée (1803-1870) habría de surgir uno de los mayores mitos de nuestra cultura: Carmen, la mujer fatal. El texto principal apareció publicado por primera vez en La Revue des Deux Mondes en 1845, como fruto de los tres primeros viajes de los siete que Mérimée realizó por España entre 1830 y 1863. Ya como novela corta, y con el añadido de un capítulo más sobre las costumbres gitanas en Europa, reapareció con gran éxito en 1847. En la breve historia se nos relatan las peripecias de don José Lizarrabengoa, cabo de dragones del regimiento de Almansa asentado en Sevilla, quien, obligado a conducir a la cárcel a una cigarrera sevillana, acaba rendido por los encantos de la muchacha y, fatalmente, abocado al bandolerismo y contrabando y, por celos, al crimen pasional.

Carmen ha pasado a la historia como el epítome de la mujer fatal, pero reducirla solo a eso sería no haber entendido el texto. El motor psicológico de Carmen es la libertad radical. Ella no es dueña de nadie. Es un espíritu libre y pagano que no conoce las leyes del estado, ni las de la Iglesia, ni del amor romántico. Está casada con García el Tuerto, al que tiene más bien poco aprecio, pero con el que intercambia encuentros amorosos que despiertan la rabia de Don José, que escala en la cuadrilla de bandoleros hasta ocupar el primer lugar.

 

En Carmen, Merimé consolida el género de la España mítica, donde los románticos ingleses y franceses pudieron recrearse con las aventuras de los guerrilleros sin la necesidad de viajar a Oriente para encontrar lo exótico.

 

 

La novela funciona como una tragedia griega donde el destino es ineludible. Carmen echa las cartas y comprueba que Don José la va a matar. Sin embargo, y sabiendo que prefiere ser libre para siempre que de nadie durante un rato, acepta su destino con el fatalismo sagrado de la mujer fatal.  Esto la convierte en un mito.

Carmen estaba en cuclillas cerca de mí y tañía de vez en cuando las castañuelas, canturreando. Después, acercándose como para hablarme al oído, me besó, casi a pesar mío, dos o tres veces. -Eres el diablo-le decía. -Si-me respondía.

El choque definitivo se encuentra al final de la novela, cuando el autor francés, tras el testimonio de Don José, no introduce nuevas tramas, ni explica el destino de los personajes, ni especula sobre la identidad de la joven del mensaje ni qué fue del cadáver de Carmen. En su lugar, añade un cuarto capítulo con un ensayo académico sobre el vocabulario y la gramática del idioma caló.

Carmen es una obra sencilla a primera vista que requiere de una lectura exegética, por su gran cantidad de detalles implícitos. Es amena y entretenida, y anticipa un final que muchos esperamos, leyendo las pistas que nos deja el autor. En ocasiones juega con la propia ilusión del lector, que cree poder salvar a Carmen si deja el libro de lado. Pero Carmen siempre estuvo muerta, porque fue una mujer libre, en un mundo donde el hombre lo quería controlar todo.

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN6/10
2. MADUREZ NARRATIVA8/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA8/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS8/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO6/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO5/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES8/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA7/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD6/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO7/10
Total 69/100