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Viaje del Parnaso
Esta es una de las obras más fecundas de la literatura española. Casi nos recuerda, de manera superficial, a la Divina Comedia de Dante, de cuyo análisis también disponéis en abierto en Literatura Diderot. El viaje de Cervantes al monte de las musas en Grecia nos hace entrever una característica muy poco explotada en el personaje alcalaíno: su faceta como poeta.
La fortaleza de Cervantes fue la narrativa en prosa, desde luego, su máximo exponente, El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, así lo corrobora, amén de sus ínclitas Novelas Ejemplares, que también podéis analizar gracias a nuestra visión cercana en sus correspondientes artículos en esta revista. Cervantes urde un elabora viaje, a través de un trasunto literario a las faltas del Parnaso para recorrer la historia de la lírica contemporánea y colocarse a él mismo en la cima de un estamento poético superior, con la intención de resaltar su capacidad poética. Algunos lo equiparan a José Donoso, incluyéndose a sí mismo en el plantel de autores pertenecientes al Realismo Mágico. Yo no estoy tan de acuerdo. Veamos paso por paso el viaje de Cervantes en el Parnaso:
Si por ventura, lector curioso, eres poeta y llegare a tus manos (aunque pecadoras) este Viaje, si te hallares en él escrito y notado entre los buenos poetas, da gracias a Apolo por la merced que te hizo; y si no te hallares, también se las puedes dar. Y Dios te guarde.
Viaje del Parnaso p. 37
Jesús G. Maestro asegura que El viaje el Parnaso es una clara obra perteneciente al reconstructivismo literario, lo que resulta una mezcla entre el irracionalismo fingido, y una crítica disimulada y oculta tras el cinismo del autor. Bajo ese trasunto encontramos a Miguel de Cervantes, uno de los autores más prolíficos, fecundos y excelsos de la lengua castellana. Lo que hace Cervantes en este caso es pronunciar un discurso mayestático en favor de la Palabra y de la poesía, colocando a diversos autores un pódium intelectual con el que clasifica la excelencia del nuevo arte que crea a partir de su Viaje del Parnaso.
Tú, el de Villamediana, el más famoso de cuantos entre griegos y latinos alcanzaron el lauro venturoso, cruzarás por las sendas y caminos que al monte guían, porque más seguros lleguen a él los simples peregrinos; a cuya vista de estos cuatro muros de Parnaso, caerán las arrogancias de los mancebos, sobre necios, duros.
¡Oh cuántas y cuán graves circunstancias dijera de estos cuatro, que felices aseguran de Apolo las ganancias!
Viaje del Parnaso p. 70
El presente volumen recoge la producción poética exenta de Miguel de Cervantes, es decir, el grueso de la lírica que no incluyó en sus novelas y obras teatrales. Destaca, de toda ella, el único poema narrativo del autor, que da título al libro, una suerte de relato mítico y autobiográfico en el que Cervantes viaja al monte Parnaso para encontrarse con el dios Apolo.
Esta edición da cuenta del aspecto menos conocido del irrepetible talento del autor más universal de nuestras letras. La investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona Laura Fernández García la ha dotado, además, de un impecable aparato de notas, así como del estudio que abre el volumen y los apéndices finales.
EL Viaje del Parnaso está escrito en tercetos encadenados tomando como modelo el poema de Viaggio di Parnaso de Cesare Caporali, de 1582. Lo cual es una añagaza urdida por Cervantes para entretener y despistar al lector. En realidad poco tiene que ver con la obra original, y el autor aquí plantea el viaje, al igual que hace cuando dice que va a elogiar a los libros de caballerías con su Quijote no hace solo que burlarse de ellos de manera cínica.
<<<Mal podrá don Francisco de Quevedo venir», dije yo entonces; y él me dijo:
<<Pues partirme sin él de aquí no puedo.
Ese es hijo de Apolo, ese es hijo de Calíope Musa; no podemos irnos sin él, y en esto estaré fijo; es el flagelo de poetas memos, y echará a puntillazos del Parnaso los malos que esperamos y tememos».
Viaje del Parnaso p. 185
Cervantes casi nunca habla en serio, porque es un cínico y un sátiro, que siempre eleva su condición de hombre a la de Dios omnipresente gracias a su dominio del lenguaje y a su elocuencia. En el Parnaso, ocurre algo parecido, ya que se retrata a él mismo de manera satírica para ir recorriendo las faldas del monte y destacando las fortalezas de los poetas españoles, como una misión que Mercurio le ordena mientras el literato paseaba sobre su mula.
Todos los elementos vi turbarse: la tierra, el agua, el aire, y aun el fuego vi entre rompidas nubes azorarse.
Y, en medio de este gran desasosiego, llovían nubes de poetas llenas sobre el bajel, que se anegara luego, si no acudieran más de mil sirenas a dar de azotes a la gran borrasca, que hacía el saltarel por las entenas….
Viaje del Parnaso p. 74
El objetivo principal pasa por defenderse ante la batalla épica que suscitan los poetas mediocres y los malos versificadores que amenazan con invadir la lírica española, destruyendo el arte de la verdadera poesía. En este prisma del Viaje presenta a una serie personajes que también dificulta su lectura, pues la obra funciona como una gran guía de la literatura y un censo crítico de la España de principios del siglo XVII, donde se presentan a los poetas como a héroes griegos. Un nivel heroísmo que contrasta con la época clásica y que se acerca mucho más a nuestra estética contemporaneidad.
Por el monte se arroja, y a pie viene Apolo a recebirnos. «Yo lo creo», dijo Lofraso, «y llega a la Hipocrene.
Yo desde aquí columbro, miro y veo que se andan solazando entre unas matas las Musas con dulcísimo recreo: unas antiguas son, otras novatas, y todas con ligero paso y tardo andan las cinco en pie, las cuatro a gatas».
Hipocrene es una de las fuentes inspiradoras de la poesía. Se halla en el monte Helicón, el que se refiere.
Viaje del Parnaso p. 92
Este bellísimo poema, que en ocasiones se hace soporífero por la salva de autores que saca a relucir Cervantes y que o por desconocimiento o por inalcanzables, no han llegado a nuestros días, supone un panegírico modesto, en ocasiones inmodesto, sobre la manera hiperbólica de sus colegas. En este prisa barroco de ateísmo mitológico, donde se entreveran los dioses paganos con los católicos, Cervantes despliega una sátira fina de corte horaciano o típico de Luciano de Samosata.
Y, en esto, por un lado descubriose del sitio un escuadrón de ninfas bellas, con que infinito el rubio dios holgose.
Venía en fin y por remate de ellas una resplandeciendo, como hace el sol ante la luz de las estrellas; la mayor hermosura se deshace ante ella, y ella sola resplandece sobre todas, y alegra y satisface.
Bien así semejaba cual se ofrece entre líquidas perlas y entre rosas la Aurora que despunta y amanece; la rica vestidura, las preciosas joyas que la adornaban, competían con las que suelen ser maravillosas.
Las ninfas que al querer suyo asistían, en el gallardo brío y bello aspecto, las artes liberales parecían; todas con amoroso y tierno afecto, con las ciencias más claras y escondidas, le guardaban santísimo respecto; mostraban que en servirla eran servidas, y que por su ocasión de todas gentes en más veneración eran tenidas.
Su influjo y su reflujo las corrientes del mar y su profundo le mostraban, y el ser padre de ríos y de fuentes.
Viaje del Parnaso p. 103
Alaba en ocasiones a Góngora, con genuina admiración e intuición crítica, pero en otros muchos casos, el elogio esconde una burla velada o una ironía implacable sobre el estado el panorama literario. Pero el epítome de esta obra es una defensa a ultranza de los valores poéticos de su tiempo, y del talento literario digno para hacer frente a la mediocridad, la moda pasajera y el arribismo.
Se trata de un testamento estético, un último paseo por la vereda de la munificencia, a causa de un viaje onírico a las faldas del Parnaso, en un vuelo irracional desde su España hasta Grecia.
El santo amor, castísimos amores; la dulce paz, su quïetud sabrosa; la guerra amarga, todos sus rigores.
Mostrábasele clara la espaciosa vía por donde el sol hace contino su natural carrera y la forzosa.
La inclinación o fuerza del destino, y de qué estrellas consta y se compone, y cómo influye este planeta o signo, todo lo sabe, todo lo dispone la santa y hermosísima doncella, que admiración como alegría pone.
Preguntele al parlero si en la bella ninfa alguna deidad se disfrazaba que fuese justo el adorar en ella; porque en el rico adorno que mostraba, y en el gallardo ser que descubría, del cielo y no del suelo semejaba.
<<Descubres», respondió, «tu bobería; que ha que la tratas infinitos años, y no conoces que es la Poesía».
<<Siempre la he visto envuelta en pobres paños», le repliqué; «jamás la vi compuesta con adornos tan ricos y tamaños; parece que la he visto descompuesta, vestida de color de primavera en los días de cutio y los de fiesta».
«Esta, que es la Poesía verdadera,.
Viaje del Parnaso p. 104
La obra concluye con la Adjunta al Parnaso, un apéndice en prosa que Cervantes incluye al final de la edición de 1614 y que funciona como un epílogo narrativo. En él, el autor despierta de su viaje alegórico y recibe la visita de un poeta llamado Pancracio de Roncesvalles. Este le entrega una carta del dios Apolo que contiene una serie de privilegios, ordenanzas y advertencias.
En la Adjunta, Cervantes enumera sus comedias y entremeses inéditos, y ensalza, en la misiva de Apolo, la figura social del poeta del Siglo de Oro, desde un prisma, por supuesto, satírico y brillante. Ya por último, cierra con un episodio novelado, típico de esa ficción autobiográfica de la que pocos datos podemos creernos, en la que menciona un soneto malo que alguien hizo llegar a su puerta tras la publicación de su Quijote. ¿De quién era ese soneto malo? Muchos dicen que perteneció a Francisco de Quevedo, aunque, como ya advertimos antes, las palabras de Cervantes hay que cogerlas con pinzas.
Estando yo en Valladolid, llevaron una carta a mi casa para mí, con un real de porte; recibiola y pagó el porte una sobrina mía, que nunca ella le pagara; pero diome por disculpa que muchas veces me había oído decir que en tres cosas era bien gastado el dinero: en dar limosna, en pagar al buen médico y en el porte de las cartas, ora sean de amigos o de enemigos; que las de los amigos avisan, y de las de los enemigos se puede tomar algún indicio de sus pensamientos. Diéronmela, y venía en ella un soneto malo, desmayado, sin garbo ni agudeza alguna, diciendo mal de Don Quijote; y de lo que me pesó fue del real, y propuse desde entonces de no tomar carta con porte. Así que, si vuesa merced le quiere llevar de esta, bien se la puede volver; que yo sé que no me puede importar tanto como el medio real que se me pide.
Viaje del Parnaso p. 186
| Ítem | Calificación |
|---|---|
| 1. DESCRIPCIÓN | 7/10 |
| 2. MADUREZ NARRATIVA | 10/10 |
| 3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA | 10/10 |
| 4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS | 7/10 |
| 5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO | 7/10 |
| 6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO | 6/10 |
| 7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES | 6/10 |
| 8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA | 9/10 |
| 9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD | 6/10 |
| 10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO | 7/10 |
| Total | 75/100 |
