VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

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Viaje al fin de la ncohe

Deténgase el reloj, ha llegado el fin de la noche. Louis Ferdinand Céline nos ofrece esta auténtica maravilla literaria en la que condensa la furia provocada por el agotamiento y la depresión tras la Primera Guerra Mundial. Publicada en 1932, Viaje al fin de la noche es el testimonio semi-autobiográfico de Céline, quien se reencarna en Ferdinand Bardamu, joven estudiante de medicina que vive en sus propias carnes la lasitud y la persecución del fin de la noche.

La desilusión de la Primera Guerra Mundial es el epicentro de muchas pesadillas que conforman la prosa de los escritores de la Generación Perdida. Pero, en concreto, en Francia, generó no solo la búsqueda de la vitalidad en ciertos personajes, sino la derrota del sentido, y la aceptación del nihilismo de Turguenev, corriente que derivaría en el existencialismo de Sartre, Camus y, como es el caso, Ferdinand Céline, quien elabora una de las novelas más exigentes del simbolismo francés y del realismo más desilusionado:

 

Pero yo ya no podía elegir, ¡mi suerte estaba echada! Estaba de parte de la verdad hasta la médula, hasta el punto de que mi propia muerte me seguía, por así decir, paso a paso. Me costaba mucho trabajo no pensar sino en mi destino de asesinado con sentencia en suspenso, que, por cierto, a todo el mundo le parecía del todo normal para mí. (p.41)

La fórmula del existencialismo en Céline

Céline plantea un escenario muy similar al que en origen experimenta en su propia vida. Pero en lugar de implementar una retórica compleja, Viaje al fin de la noche utiliza el argot tradicional de París y una musicalidad del lenguaje que acerca a la población dolida y quebrada a la literatura más elevada. Este Ferdinand, personaje protagónico de la obra, es un héroe anti-épico, donde nos encontramos una respuesta brutal a las narrativas heroicas de la guerra. Céline vitupera la guerra, el colonialismo, y el progreso, y los despoja de grandeza, pues los expone a actos de estupidez y carnicería.

 

Ferdinand se alista impulsivamente a filas, en el ejército francés. Este acto no está movido por un desacerbado patriotismo, sino por un acto de rebeldía, curiosidad, y, sobre todo, estupidez juvenil, tónica de la obra.

Si la gente es tan mala, tal vez sea sólo porque sufre, pero pasa mucho tiempo entre el momento en que han dejado de sufrir y aquel en que se vuelven un poco mejores. El gran éxito material y pasional de la señora Herote no había tenido tiempo aún de suavizar su disposición para la conquista.

Esta es la epopeya de Ferdinand Baradamu, herido en la primera guerra mundial en la que participa como voluntario, enamorado de una prostituta sin futuro, sobreviviendo en las colonias francesas en África gracias a un trabajo alienante, persiguiendo su particular sueño americano, de regreso en Francia trabajando como médico rural…
Mas allá del argumento, la fuerza y el interés de esta gran novela residen en la prosa amarga y quebradiza de Céline, en su característico ritmo acelerado, en el lirismo salvaje y descarnado con que constryó a sus personajes o la altiva mueca con que contempló la existencia y que han provocado siempre las más encontradas reacciones.

*Literatura Diderot recomienda libros por su valor cultural y divulgativo, sin alinearse con ideologías o religiones. Cada recomendación se basa en obras relevantes para el autor analizado.*

Primera parte: la guerra

El caos y la decepción de esta experiencia es inmediata y brutal. Para Ferdinand, la guerra es la primera y única manifestación de la locura humana y de la maldad entre los hombres. Solo por el impulso de la estupidez, el hombre condena a la especie a la destrucción. Este encuentro lo categoriza de absurdo, y consigue encontrar en la huida de los conflictos la única respuesta a la supervivencia. Este hecho es fundamental para comprender el hilo conductor de las teorías existencialistas: el absurdo es imperioso para empujar la piedra de Sísifo. Sísifo debe aceptar el absurdo ascender de la roca a través de la cuesta hacia la cima del monte y lo hará con una sonrisa, porque no se puede luchar contra el destino, pero tampoco se puede aceptar. Aceptar el absurdo es la clave para estar vivo.

 

 

Ferdinand es herido en combate, o al menos finge serlo, y es trasladado a la retaguardia, donde encuentra un resquicio gracias a fingir su locura y un trauma nervioso. El final de esta primera parte concluye con el diagnóstico médico y la condecoración de honor, que subraya la hipocresía y exacerba la farsa total del conflicto.

Perdemos la mayor parte de la juventud a fuerza de torpezas. Era evidente que me iba a abandonar, mi amada, del todo y pronto. Yo no había aprendido aún que existen dos humanidades muy diferentes, la de los ricos y la de los pobres. Necesité, como tantos otros, veinte años y la guerra, para aprender a mantenerme dentro de mi categoría, a preguntar el precio de las cosas antes de tocarlas y, sobre todo, antes de encariñarme con ellas.

La segunda parte transcurre en África Occidental, colonia francesa posterior a la Primera Guerra Mundial. Allí cree con ilusión encontrarse con el prometedor exotismo de la Ilustración, que adulaba al otro, en concreto al extranjero oriental, sin conocer su cultura, conduciendo a varios de los viajeros a sufrir una gran frustración y decepción ante la verdad.

Encuentra, como afirmamos, la desolación social, el fraude miserable basado en la avaricia, la incompetencia y, sobre todo, en la otredad. ¿Qué es la otredad? La búsqueda de la verdad en el otro. Pero a veces, en la alteridad no está la respuesta, y el choque con la realidad destruye las expectativas que uno construyó.

Ferdinand sufre, durante su estancia en África, condiciones climatológicas adversas. Entre ellas, el calor sofocante, que lo hunde en el más absoluto cansancio. Sus defensas bajan y se contagia de malaria, llevándolo al borde de la muerte.

Sin embargo, en esta primera mitad de la obra, conoce a su trasunto y homólogo desde las antípodas. León Robinson. Su sombra, como gustará decir después al semiólogo Lotman. Ferdinand busca en la inacción, en la desidia y en la huida la salvación. Robinson es activo, impulsivo, y como Ferdinand al principio de la obra, ya está condenado por su asenso a vivir

Bardamu logra escapar de África y, como siempre, huye. Esta vez su destino se aleja de Europa: Estados Unidos, donde comienza la tercera parte.

 

No me respondían. Se puede uno perder yendo a tientas entre las formas del pasado. Es espantoso la de cosas y personas que permanecen inmóviles en el pasado de uno. Los vivos que extraviamos en las criptas del tiempo duermen tan bien con los muertos, que una misma sombra los confunde ya.

Cree Ferdinand verse con suficiente suerte como para toparse con la cúspide del conocimiento humano y de la civilización, allí donde han de residir los hombres más razonables y han de darle un sentido a su búsqueda del fin de la noche. Sin embargo, Céline vuelve a dar sentido a su motu; no importa cuán lejos viajes, la estupidez humana siempre habrá de perseguirte.

Los rascacielos de la capital neoyorkina, la frialdad de las personas, la arrogancia y el vacío moral precipitan a Ferdinand hacia ese marasmo en que el hombre no ha de hallar respuestas a unas preguntas que viran hacia el nihilismo.

En Detroit es testigo de la alienación fordista. La masa trabajando en cadena y siendo dirigido por el pastor. Esta modernidad le repugna, pero encuentra aún más deleznable la adoración al dinero, donde ese Dios verde es el único que mueve a las personas. En definitiva, es una clara reflexión acerca de la mundana dependencia humana a lo material, a la redirección de las almas perdidas, convertidas en sumisas ovejas que pretenden encontrar un camino pautado.

Sin embargo, hay una exigua luz al final del camino. En este caso, llamada Molly, una prostituta que encarna a la Piedad, y es una bondad desinteresada. Ella ofrece a Bardamu una perspectiva de la sociedad donde reside el afecto, la redención, y donde el compromiso a su huida lo obliga a abandonarla en Nueva York. Un último acto de pureza, donde se detecta el determinismo de Céline, dispuesto a arriesgar la belleza real por la posibilidad de huir de la muerte.

 

Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas la mañana siguiente para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos por salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, todas las noches, con la angustia del día siguiente, cada vez más precario, más sórdido. Es la edad también que se acerca tal vez, traidora, y nos amenaza con lo peor. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar a la vida: ahí está.

Última parte: el círculo del absurdo

Por último, Ferdinand vuelve a los suburbios de París, cerrando el círculo de la mundanidad. Hay mucho de bello en lo mundano, por ello, Sorrentino comienza La gran belleza, con una frase del presente libro: “viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación, el resto son solo decepciones y fatigas. El viaje es totalmente imaginario. De ahí viene su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo está inventado. Es una novela, una simple historia ficticia, lo dice Littre, que nunca se equivoca. Y además todos pueden hacer lo mismo, basta con cerrar los ojos. Está al otro lado de la vida

 

Regresa a Francia y se establece como médico. Creemos que su consulta puede funcionar como el observatorio definitivo de la mundanidad, allí donde con privilegio es testigo de la miseria humana y cotidiana. Sus pacientes no desean ser curados de su miseria existencial. Aquí aparece de nuevo el contrapunto de Robinson, que envuelto en negocios turbios, porque ha decidido abrazar la vida, es asesinado por ella misma.

Era el consuelo. Ánimo, Ferdinand -me repetía a mí mismo, para alentarme, a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabarás descubriendo lo que da tanto miedo a todos, a todos esos cabrones, y que debe de encontrarse al fin de la noche. ¡Por eso no van ellos hasta el fin de la noche!»

El significado de esta novela reside en el absurdo, y en la afirmación de la misantropía como única respuesta honesta. La inmoralidad con la sublevación del superhombre de Nietzsche y la escisión de los lazos humanos conlleva el alcance de los principios de la libertad salvaje y animal. Sin embargo, somos humanos, y en esa aceptación, es donde vive el hombre.

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN5/10
2. MADUREZ NARRATIVA7/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA6/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS7/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO6/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO8/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES7/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA8/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD7/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO7/10
Total 68/100