TATIANA TÎBULEAC

Tatiana Tîbuleac (1978-...)

Tatiana Țîbuleac nace el 15 de octubre de 1978 en Chisináu, la capital de la actual República de Moldavia, entonces parte de la Unión Soviética. Hija de un periodista y una editora, crece en un hogar donde la palabra impresa es la moneda corriente, aunque bajo el silencio impuesto de un régimen que obligaba a callar las tragedias familiares. Su infancia transcurre en esa aparente normalidad soviética donde la libertad era un concepto teórico, pero no biológico; su abuela, deportada a Siberia, nunca habló de aquel horror para proteger a las nuevas generaciones, legando a Tatiana una herencia de historias no contadas que más tarde germinarían en su literatura.

Su precoz talento para la observación la lleva al periodismo con apenas 17 años. Comienza firmando la columna «Historias verdaderas» en el periódico Flux y pronto da el salto a la televisión como reportera y presentadora en Pro TV Chișinău. Durante más de una década, Țîbuleac se dedica a narrar las vidas de los otros, interesándose especialmente por los marginados, los enfermos y aquellos que habitan los márgenes sociales, un ejercicio de empatía que afilará su mirada hacia la crueldad y la belleza de la condición humana.

El gran punto de inflexión en su vida llega en 2008, cuando abandona el periodismo y se muda a París, instalándose en un entorno ajeno a su lengua materna. Es en la distancia del exilio voluntario donde encuentra una nueva voz. En 2014 debuta con Fábulas modernas, una colección de relatos sobre la migración nacida en las redes sociales, pero es en 2017 cuando sacude el panorama literario europeo con su primera novela: El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. Escrita desde una visceralidad poética, la obra explora la reconciliación entre un hijo y una madre moribunda, abordando el dolor y el perdón con una honestidad brutal.

En 2018 publica El jardín de vidrio, novela con la que obtiene el Premio de la Unión Europea de Literatura. En ella, a través de la historia de una niña huérfana adoptada en una Moldavia gris y convulsa, Țîbuleac se enfrenta por fin a los fantasmas de su propia identidad: la tensión entre el ruso y el rumano, las heridas del comunismo y la búsqueda de pertenencia. Hoy, residente en Saint Germain en Laye (Francia), Tatiana Țîbuleac se ha consolidado como una de las voces más potentes de la narrativa contemporánea, escribiendo para que sus lectores, en medio de la crudeza, puedan encontrarse a sí mismos.

Curiosidades de Tatiana Tîbuleac

Aunque domina el ruso, el inglés y el francés, decidió escribir su obra literaria en rumano, su lengua materna. Para Țîbuleac, esta elección no es solo estética, sino un acto de identidad y resistencia frente a la imposición cultural soviética que vivió Moldavia, donde el alfabeto y el idioma propios fueron relegados a la clandestinidad o la irrelevancia durante décadas.

Su primera novela nació de un miedo profundo a la maternidad. En una sociedad moldava de corte patriarcal donde la figura de la madre es intocable y sacra, Țîbuleac se atrevió a humanizar y desacralizar el rol materno. Tras la publicación de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, muchos lectores creyeron que se trataba de una autobiografía y atacaron a su madre biológica, quien tuvo que aclarar públicamente que la «madre monstruo» del libro era pura ficción.

A diferencia de los autores que ritualizan su oficio, Tatiana desmitifica el acto de escribir, comparándolo con «pelar patatas». No necesita un entorno idílico ni rituales sagrados; escribe en la cocina o en medio del caos doméstico, entendiendo la escritura como un trabajo que requiere enfoque mental más que inspiración divina. De hecho, confiesa ser más feliz haciendo jardinería que enfrentándose a la página en blanco.

Sus inicios literarios fueron inusuales: su primer libro surgió de Facebook. Fábulas modernas nació de una serie de publicaciones en la red social con el fin de conectar con la diáspora moldava y reflexionar sobre la migración. La respuesta viral y los debates generados por esos textos la impulsaron a recopilarlos en papel, demostrando que la literatura puede brotar en cualquier plataforma.

Es una firme defensora de que el arte debe separarse del activismo político, pero la guerra en Ucrania ha matizado su postura. Aunque solía creer que se podía separar al autor de la obra, el conflicto actual y el posicionamiento de ciertos creadores a favor del totalitarismo le han hecho replantearse si es posible seguir admirando el trabajo de quienes apoyan la barbarie, reconociendo la complejidad ética de «perdonar a la persona» para disfrutar de su arte.

*Información extraída de las entrevistas de Fernando del Val e Isabel Vargas

OBRAS

Aleksy aún recuerda el último verano que pasó con su madre. Han transcurrido muchos años desde entonces, pero, cuando su psiquiatra le recomienda revivir esa época como posible remedio al bloqueo artístico que está sufriendo como pintor, aleksy no tarda en sumergirse en su memoria y vuelve a verse sacudido por las emociones que lo asediaron cuando llegaron a aquel pueblecito vacacional francés: el rencor, la tristeza, la rabia. ¿Cómo superar la desaparecido de su hermana? ¿Cómo perdonar a la madre que lo rechaza? ¿Cómo enfrentarse a la enfermedad que la está consumiendo? Este es el relato de un verano de reconciliación, de tres meses en los que madre e hijo por fin bajan las armas, empleados por la llegada de lo inevitable y por la necesidad de hacer las paces entre sí y consigo mismos. Plena de emoción y crudeza, Tatiana ţîbuleac muestra una intensísima fuerza narrativa en este brutal testimonio que conjuga el resentimiento, la impotencia y la fragilidad de las relaciones maternofiliales.