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Madame Bovary
Vayamos con una de las obras más importantes del realismo decimonónico: Madame Bovary, compuesta en 1857 con la intención de ser una novelita por entregas, que terminó vendiéndose como churros debido a una denuncia por “exaltación del adulterio”, que Gustave Flaubert ganó. No necesitó más publicidad que esta para convencer al lector de leer su convulsa obra.
Madame Bovary es el fruto de multitud de elementos y recursos narrativos tanto reales, como biográficos como ficcionales. En primer lugar, su historia proviene de la desgracia de Delphine Delamare, una joven esposa de un médico rural de Normandía que se había llenado de deudas por sus amantes y se había suicidado en el verano de 1848.
Cuando los periodistas y lectores preguntaron quién era o a quién representaba Madame Bovary, Flaubert respondió con una frase que ha pasado a los restos: Madame Bovary c´est moi. Pues el escritor compartía el mismo anhelo de la evasión, la misma insatisfacción constante, el mal del siglo del que habló Chateaubriand en su René, y por lo tanto, el sentimiento que conduciría a Emma Bovary a la ruina.
Un padre desesperado
Cuando todo acabó en el cementerio, Charles volvió a casa. No encontró a nadie abajo; subió al primero, a la habitación, vio el vestido de su mujer todavía colgado en la alcoba; entonces, apoyándose en el escritorio, permaneció hasta la noche sumido en un doloroso sueño. Después de todo, la había querido.
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La historia trágica de una joven de provincias que busca inútilmente la felicidad.
«De todos modos no era feliz, ni tampoco lo había sido nunca. Cada sonrisa ocultaba un bostezo de hastío, cada alegría una maldición, todo placer su saciedad, y los mejores besos no dejaban en los labios más que el irrealizable anhelo de una más sofisticada voluptuosidad.»
La novela da cuenta de la infancia de Charles Bovary, un joven erudito llegado a médico rural que mantiene una actitud atildada respecto a la vida, y que representa la mediocridad de la clase burguesa atrapada en la cotidianeidad. Emma, hija de un paciente al que atiende Charles, se enamora del doctor, y este cae rendido a sus pies, aunque espera la progresiva muerte de su esposa, a la que había amado con todo su corazón, pero que ya no tenía nada más que ofrecerle.
Emma se casa con Charles y se van a vivir juntos. Aquí observamos una contundente y muy fecunda escena, donde el padre besa por última vez a su hija, a la que entrega a los despropósitos de la vida. Ofrece su mano al hombre que la acabará matando por esa insatisfacción que ha corroído su pensamiento de comodidad y apatheia, para buscar con ahínco la aventura fuera de la norma. En lugar de la típica entrega que el padre realiza a los pies del altar, nos encontramos con esta tierna despedida, donde el amor es más poderoso que el éxtasis:
Dos días después de la boda los esposos se fueron: Charles no podía ausentarse por más tiempo a causa de sus enfermos. El tío Rouault mandó que los llevaran en su carricoche y él mismo los acompañó hasta Vassonville. Allí besó a su hija por última vez, se apeó y volvió a tomar su camino. Cuando llevaba andados cien pasos aproximadamente, se paró, y, viendo alejarse el carricoche, cuyas ruedas gira-ban en el polvo, lanzó un gran suspiro. Después se acordó de su boda, de sus tiempos de antaño, del primer embarazo de su mujer; estaba muy contento también él el día en que la había trasladado de la casa de sus padres a la suya, cuan-do la llevaba a la grupa trotando sobre la nieve, pues era al-rededor de Navidad y el campo estaba todo blanco; ella se agarraba a él por un brazo mientras que del otro colgaba su cesto; el viento agitaba los largos encajes de su tocado del País de Caux, que le pasaban a veces por encima de la boca, y, cuando él volvía la cabeza, veía cerca, sobre su hombro, su carita sonrosada que sonreía silenciosamente bajo su cofia dorada. Para recalentarse los dedos, se los metía de vez en cuando en el pecho. ¡Qué viejo era todo esto!
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El narrador de Flaubert es como Dios. Está en todas partes pero no se le ve en ninguna. Describe la agonía paulatina de Emma, que apartada del arte de la indolencia, evoluciona hasta convertirse más bien en una concubina que en una esposa fiel y receptiva. Se cansa de Charles, un hombre que se considera apagado y aburrido, pero en ningún caso malo ni desproporcionado. Aquí la crítica es muy severa, pues observamos cómo Flaubert se ensaña con esa mundanidad que reside en el hombre acomodado, y, sin razón, expresa su odio hacia la clase burguesa por su falta de emoción, de ambición y de amor propio.
La tragedia de Emma es el bovarismo, un término psicológico acuñado gracias a ella, que destaca la insatisfacción crónica producida por una brecha invisible entre el tamaño de las ilusiones de una persona y la mediocridad de su realidad.
En el momento, cuando más hastiada se halla, cuando conoce a sus dos amantes:
-Es como yo -replicó Léon; qué mejor cosa, en efecto, que estar por la noche al lado del fuego con un libro, mientras el viento bate los cristales y arde la lámpara.
-¿Verdad que sí? -dijo ella, fijando en él sus grandes ojos negros bien abiertos.
-No se piensa en nada -proseguía él, las horas pasan. Uno se pasea inmóvil por países que cree ver, y su pensamiento, enlazándose a la ficción, se recrea en los detalles o sigue el hilo de las aventuras. Se identifica con los personajes; parece que somos nosotros mismos los que palpitamos bajo sus trajes
Madame Bovary p. 168
La suegra de Emma explica a su hijo que lo que Emma sufre es una mutación de la enfermedad de Alonso Quijano. Si él perdió su cordura al embeberse de las novelas de caballerías, ella ha hecho lo propio con los romances. Emma venera esas novelas que, muy seguramente, la empujan al adulterio.
-¡Ah!, itrabaja! ¿Qué hace? Lee muchas novelas, libros, obras que van contra la religión, en las que se hace burla de los sacerdotes con discursos sacados de Voltaire. Pero todo esto trae sus consecuencias, ipobre hijo mío!, y el que no tiene religión acaba siempre mal.
Así pues, se tomó la resolución de impedir a Emma la lectura de novelas. El empeño no parecía nada fácil. La bue-na señora se encargó de ello: al pasar por Rouen, iría personalmente a ver al que alquilaba libros y le diría que Emma se daba de baja en sus suscripciones. ¿No tendría derecho a denunciar a la policía si el librero persistía a pesar de todo en su oficio de envenenador?
Madame Bovary p. 211
Pero una de las tesis más importantes de la novela, a la cual he llegado gracias a la siguiente frase, es aquella que comparte con la Carmen de Prospere Merimé. Ambas son mujeres libres, atadas al destino de los hombres, que acaban con ellas con el deseo de poseerlas. Carmen es asesinada al intentar ser libre, pues durante toda su vida, este ha sido el objetivo que ha perseguido. Sin embargo, cuando la sombra del bandolero Don José se ciñe sobre ella, es cuando prefiere morir que pertenecer a alguien. Con Emma pasa algo similar. La única diferencia es que Emma pasa por el aro con más facilidad. Se cree dueña de su propio destino, pero desde el inicio de la obra, ya sabemos que ha perdido la batalla. Casi antes. Antes incluso. Mucho antes. Ya en el título de esta novela nos aseguran que ella no es libre, sino que siempre le ha pertenecido a otro. En concreto, al Sr. Bovary, porque Madame Bovary, es la Señora de Bovary, con toda la carga que este posesivo conlleva.
-¡Ah!, ya ve usted-replicó él con voz melancólica-que yo tenía razón de no querer volver; pues este nombre, este nombre que llena mi alma y que se me ha escapado, usted me lo prohíbe, iMadame Bovary!... iEh!, itodo el mundo la llama así!... Ese no es su nombre, además; ies el nombre de otro!
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Emma se enamora de la idea de libertad que le ofrecen dos hombres. Ninguno de ellos desea traspasar la línea de la aventura extramatrimonial, aunque, como diría Schiller, ambos juegan con la mujer, como si el juego fuera una elección, y la abandonan al saber de las intenciones de Emma. Uno de sus romances, la deja en cama durante meses, cataléptica, al verse ilusionada por la idea del no retorno, y el abandono del matrimonio que se le ha enquistado como un hueso en la garganta.
Charles pensaba en su padre, y se extrañaba de sentir tanto afecto por este hombre a quien hasta entonces había creído no querer sino medianamente. La viuda pensaba en su marido. Los peores días de antaño le parecían ahora envidiables. Todo se borraba bajo la añoranza ejemplar de una tan larga convivencia; y de vez en cuando, mientras empujaba la aguja, una gruesa lágrima se deslizaba por su nariz y se mantenía suspendida un momento. Emma pensaba que hacía apenas cuarenta y ocho horas estaban juntos, lejos del mundo, completamente ebrios, no teniendo bastantes ojos para contemplarse. Trataba de volver a captar los más imperceptibles detalles de aquella jornada desaparecida. Pero la presencia de la suegra y del marido la molestaba. Habría querido no oír nada, no ver nada, a fin de no perturbar
Madame Bovary p.335 Tweet
La única escapatoria es la opulencia de las compras. La desdicha de la clase alta que derrocha sin parangón todo aquello que no tiene gracias a letras y a pagarés que nunca devuelven. Termina la vida de Emma al comprobar que la suma de sus deudas es inasumible y los carroñeros ya vuelan a su alrededor para aprovechar las migajas que queden tras su marcha.
Entra en la farmacia sin aviso previo, se cuela tras el mostrador e ingiere arsénico. La muerte está asegurada, porque, como ya he asegurado, su vida nunca le perteneció a ella.
Tras varios días sufriendo los dolores del veneno, Emma Bovary, escucha a un ciego bajo su ventana cantar una cancioncilla sobre la belleza de la primavera, Minutos más tarde, abandona este mundo con una dosis de realismo fuera de lo común.
La conclusión de la novela es tétrica. Casi como la vida. Tan dura y desapacible como la pérdida humana en cualquiera de sus aristas. Emma muerte y Gustave Flaubert describe el sepelio y las exequias como si él mismo las hubiera organizado. Desplaza el centro del relato a Charles Bovary, quien es ahora el que sufre las consecuencias de la vida disoluta de su esposa. Los acreedores entran en su hogar como si les perteneciera y se llevan todos los objetos de valor con la excusa de la deuda a saldar. Charles se encuentra cara a cara con los amantes de su esposa y los exculpa del dolor que la causaron y, cuando ha quedado su espíritu atildado en paz, muere tranquilamente, sin romper a llorar, ni a gritar. Se fue tal y como vivió, de manera mediocre. Madame Bovary es una novela que requiere de un sacrificio lector. No es sencilla, y la apabullante calidad literaria de Flaubert lo pone aún si cabe más difícil. Su intrincado pero necesario vocabulario y sus acrobacias lingüísticas engrandecen una novela que porta el acíbar del siglo XIX, el ennui del que hablaron los románticos, y que ha llegado a nuestros días en forma de disconformidad y de ambición desmedida.
Madame Bovary p.417 Tweet
La única escapatoria es la opulencia de las compras. La desdicha de la clase alta que derrocha sin parangón todo aquello que no tiene gracias a letras y a pagarés que nunca devuelven. Termina la vida de Emma al comprobar que la suma de sus deudas es inasumible y los carroñeros ya vuelan a su alrededor para aprovechar las migajas que queden tras su marcha.
Entra en la farmacia sin aviso previo, se cuela tras el mostrador e ingiere arsénico. La muerte está asegurada, porque, como ya he asegurado, su vida nunca le perteneció a ella.
Tras varios días sufriendo los dolores del veneno, Emma Bovary, escucha a un ciego bajo su ventana cantar una cancioncilla sobre la belleza de la primavera, Minutos más tarde, abandona este mundo con una dosis de realismo fuera de lo común.
| Ítem | Calificación |
|---|---|
| 1. DESCRIPCIÓN | 8/10 |
| 2. MADUREZ NARRATIVA | 9/10 |
| 3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA | 10/10 |
| 4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS | 7/10 |
| 5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO | 7/10 |
| 6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO | 7/10 |
| 7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES | 6/10 |
| 8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA | 7/10 |
| 9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD | 8/10 |
| 10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO | 7/10 |
| Total | 76/100 |
