LOS NIÑOS TERRIBLES

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Los niños terribles

Nos encontramos ante una obra de gran calado en el consciente literario y cultural. Todo el mundo ha oído hablar, sino de la obra, sí de la expresión “les enfants terribles” o los niños terribles, que da nombre a este pasquín de Cocteau. Jean Cocteau experimentó con el surrealismo y fue uno de sus máximos exponentes. Y aunque la obra está cargada de símbolos afines, los niños terribles es más bien una oda a la infancia, al desarrollo hormonal, a la experiencia vital que lidia con lo fraternal y, por supuesto, un claro ejemplo de esa sensación agónica y visceral del regressus ad úterum. Vamos a ver a continuación en qué contexto llega a nosotros los niños terribles, su interpretación y su importancia para todos los que amamos las letras.

Jean Cocteau es uno de los grandes escritores de su tiempo. Apartado a un ostracismo intelectual por su tendencia a lo abigarrado y lo hiper-surrealista, es venerado en los círculos franceses y entre los aguerridos seguidores del surrealismo, tanto literario como cinematográfico.

Su protegido, Raymond Radiguet, que ya hemos analizado en otras ocasiones en Literatura Diderot, con obras como el diablo en el cuerpo, murió poco después de cumplir los veinte años, y su muerte, a principios de los años veinte, sumiéndose Cocteau en una devastadora depresión. Lo condujo esta a una adicción al opio que eliminó de su vida tras varios años de terapia e internamiento en una institución.

Durante ese periodo, donde Cocteau sufría los envites de la abstinencia, escribió los niños terribles,  un alegato en forma de obra de teatro novelizada que llega a nosotros en 1929 para tomar la forma definitiva de película

bajo la supervisión de su propio autor y bajo la dirección de Jean-Pierre Melville en 1950.

El contexto de los niños terribles

En este breve análisis vamos a inspeccionar de manera somera la obra literaria. ¿Qué quería decirnos Cocteau con su interpretación de la transición a la adultez? ¿Qué espacio diegético nos presenta para esbozar este abrupto cambio? ¿De dónde emerge la fortaleza de los personajes por seguir adelante tras la trágica existencia que les ha sido concedida?

Esta obra no es más que un reflejo de la vida de su autor y nos asomamos a su propia infancia en varios pasajes. En concreto, vamos a vernos reflejado también en muchos de los fragmentos, donde somos conscientes del dolor que ambos protagonistas experimentan y que, sin embargo, no ha de verse mitigado por la pena o por la negación, sino más bien por la aceptación y por el duelo. Veamos de qué trata la obra.

El auténtico beneficio de mi cura: el trabajo que me trabaja. Estoy expulsando un libro que deseaba escribir desde 1912... El libro sale sin atropellos -me guía, me maltrata y hago en diecinueve días un traba-jo de varios meses... Todo aquello se formaba en mí, encontraba cosas preexistentes y salía de mí como cuando se lleva a cabo una excavación arqueológica. Se trataba de no hacerlo demasiado mal con la pala; yo era mi propio arqueólogo, lo encontraba todo hecho. Cuando he querido empezar a hacer algo yo mismo, es horrible, en fin, no he podido, tuve que detenerme... Y, en cierto modo, fue como un castigo que duró siete, ocho días...

Paul y Elisabeth viven hacinados en una pequeña habitación de un suburbio de la gran ciudad. Su refugio es un légamo, las bacterias que lo habitan son los protagonistas de la obra, y la energía que del espacio mana es utilizada por los insectos para purificar un ama ya transida de intentarlo.

Estos hermanos, casi cual Adán y Eva, pero en versión fraternal, son concebidos para verse como un solo ser andrógino dividido en dos por la gracia de Dios, que siempre golpea con severidad. La madre de ambos yace en una cama enferma, y aún empeorará su condición cuando Paul, el más joven caiga presa de una infección provocada por un golpe con una bola de nieve.

En síntesis, Dargelos, personaje orbital, pero apolíneo y límpido, provoca una atracción fatal en Paul, que se siente compungido incluso ante su presencia. Este Tazio francés lanza una bola de nieve a la cabeza de Paul y este sufre de grandes dolores. Tanto que su salud se ve afectada y se recluye en su casa durante meses.

Al comprobar el estado de Paul, Dargelos deposita una bolsa en el suelo. En su interior, una perla negra, que Paul luego atesora con esperanza de ser un objeto onírico y majestuoso. En realidad, al final de la obra se descubre la importancia de la perla: nula. Por ello, Paul se suicida y su hermana Elisabeth, que lo ha cuidado y lo ha mantenido inmaculado y protegido del mundo, muere de pena a su lado.

Jean Cocteau (1889-1963) resume en su fértil actividad creadora todos los aciertos y contradicciones de la primera mitad de nuestro siglo. Su obra nos transmite la vitalidad de una existencia hecha para la imagen y la alquimia a partir de la fantasía y el ensueño. «Los Niños terribles» plantea el imposible acuerdo entre realidad e imaginación, placer y deber, orden y aventura, Eros y Thanatos. Su doble estructura, lineal y circular a la vez, recrea las claves de la antigua tragedia en la levedad de unos niños que se niegan a ser adultos.

*Literatura Diderot recomienda libros por su valor cultural y divulgativo, sin alinearse con ideologías o religiones. Cada recomendación se basa en obras relevantes para el autor analizado.*

Simbolismo de Cocteau

Bien. El paralelismo es claro. La energía inmanente en la esfera, tanto blanca (bola de nieve) como negra (perla), y que va a determinar el fatal destino de los hermanos. No es casualidad que ambos símbolos estén cargados de tan sustancial peso en la historia. De hecho, la intriga del sentido de la perla se mantiene hasta el final, cuando en realidad, la perla podría pasar como un producto inveterado del alma de Dargelos que Paul ha robado y, sin embargo, era un regalo que el hermoso niño iba a entregar al propio Paul. Este sin sentido determinista conduce, como decimos, a la anhedonia de Paul y a su posterior muerte.

La bola de nieve de Dargelos era una bola de nieve muy dura. Ahora he leído tantas veces, me han repetido tantas veces: «Esta bola ¿contenía una piedra?», que hasta tengo mis dudas. El amor facilita una visión menos precipitada; ¿estaria Gerard en lo cierto? Yo no sabía que el libro se abría con una bola blanca, que se cerraba con una bola negra, y que Dargelos las enviaba, las dos. Aspecto premeditado de los equilibrios instintivos.

Pero veamos en qué consiste esta reclusión en la habitación tras el golpe con la bola de nieve. La hermana de Paul, al ver su estado, prohíbe que la vida se desarrolle con naturalidad al otro lado de la puerta. Se desprende del destino que acompaña a su hermano y lo incapacita para comprender la vida. ¿Cómo? Encerrándose juntos en la habitación, donde la presencia de su madre ya es inane y les es muy lejana.

La atmósfera que se crea en la habitación, donde se desarrolla la mayoría de la obra, es hermética e impenetrable. Pero ello funciona a la perfección, pues nos recuerda tanto a la caverna de Platón, con su realidad alterada, sus sombras (que no son más que esos dobles de nosotros mismos que diría Jung, proyectados en los hermanos Trotta), y el famoso regressus ad uterum que nos trasporta de nuevo al vientre materno. Porque sí. En realidad, la habitación es el único rescoldo humano en el que aún puede proliferar la vida, solo si nada externo irrumpe con su mundanidad y su natural vínculo con la muerte.

La habitación es el Edén destruido y el vientre materno. Es la negación del tiempo y del mundo adulto. Mientras permanezcan en ella, serán los niños que habitaron una vez en el interior de una madre que hoy ya se desvanece incluso en su recuerdo.

Tal y como ocurre apenas pocas escenas después, cuando el “juego” de los terribles ya les es monótono y la salud de Paul se ha restablecido, es un nuevo revulsivo el que desea limpiar esa infancia de sus rostros. El matrimonio de Elisabeth con un millonario y la relación entre Paul y Agathe, una mujer con unas facciones que recuerdan mucho a las del puro Dargelos.

La hermana, Elisabeth, hereda tras enviudad pocos días después de su matrimonio una casa y una gran fortuna que comparte con Paul. Sabotea su relación con Agathe y le invita a vivir a su enorme mansión, donde recrean de nuevo la “habitación” y donde el “juego” vuelve a producirse, imitando ese vientre materno que nunca debieron abandonar, abrazando un mundo para el que no estaban preparados.

Un escueto apunte en cuanto al juego. Schiller decía que la vida es todo una cuestión de juego. Que la sexualidad, la relación afectiva, la sociabilización e incluso el respirar, se reduce a saber también jugar. Jugar es el epítome de la vida, su síntesis elevada al cuadrado y su verdadera perístasis. Reducidos a niños, los adultos jugamos con otras reglas en un tablero más extenso, complejo y alambicado, donde nos sentimos pequeños perdidos en busca de respuestas, a las que podemos llegar a través de trampas, o de juego limpio. Aceptamos, eso sí, una materialidad que concluye con la muerte, otro absurdo juego que debemos aceptar.  

Los libros de cine no abundaban en 1946. Tal vez por ello las agudas anotaciones de Cocteau decidieron la vocación de varios futuros cineastas. Un tal Jacques Rivette toma tras la lectura de este libro la decisión de montar al tren que lleva de Rouen a París para hacer películas; un tal Jean-Luc Godard se lo regala años después a Anne Wiazemsky, diciéndole que es el mejor libro sobre cine que conoce. Pero, en contraste con el aspecto feérico de la historia, los detalles que Cocteau consigna son a menudo los más grisáceos. 

*Literatura Diderot recomienda libros por su valor cultural y divulgativo, sin alinearse con ideologías o religiones. Cada recomendación se basa en obras relevantes para el autor analizado.*

El final

Paul siempre tuvo en mente que la perla de Dargelos era un objeto totémico y fundamental para su desarrollo. Sin embargo, a final se descubre que no es más que un elemento de trueque entre el edénico personaje y Agathe, lo que desacraliza la única oportunidad que Paul le había dado a la vida y con ello irrumpe la mundanidad y el sinsentido en su mundo, tal y como decía Osamu Dazai en su Indigno de ser humano: “perdí mi infancia cuando descubrí que no hacía falta que las sábanas tuvieran dibujos y relieves”.

Elisabeth ve, tras la muerte de su hermano, la obra fundamental de su vida también destruida, y es apartada de la lógica a través de la locura y la inmoralidad. Se desploma a su lado para perder, simbólicamente, la vida junto a aquel único elemento que aún le permitía estar amarrada a ella.

Los niños terribles es una de las obras más poderosas de Cocteau. Su vitalidad es deslumbrante y su capacidad de contención mayestática, al construir un mundo complejo e inasible en una destartalada habitación en la que convive el mito del hombre y la leyenda de unos niños que nunca quisieron salir de la caverna.

La película completa

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN7/10
2. MADUREZ NARRATIVA7/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA7/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS7/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO7/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO7/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES6/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA8/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD8/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO6/10
Total 70/100