IRENE SOLÀ

Irene Solà (1990-...)

Irene Solà nace el 17 de agosto de 1990 en Malla, un pequeño municipio de la comarca de Osona (Barcelona), donde la niebla y la tierra húmeda no son solo fenómenos meteorológicos, sino parte del carácter. Crece en una masía, rodeada de un paisaje rural que marcaría su imaginario, pero lejos de quedarse en el costumbrismo, decide explorar cómo contar ese mundo desde la vanguardia. Estudia Bellas Artes en la Universidad de Barcelona y posteriormente cursa un Máster en Literatura, Cine y Cultura Visual en la Universidad de Sussex, una formación híbrida que será clave: Irene no solo escribe historias, las esculpe con imágenes.

Su debut literario llega desde la poesía con Bèstia (2012), pero es con la narrativa donde su voz se vuelve inconfundible. Tras ganar el Premio Documenta con Els dics (2018), en 2019 publica la obra que la consagra internacionalmente: Canto yo y la montaña baila (Canto jo i la muntanya balla). En ella, Solà dinamita la narrativa tradicional otorgando voz a las nubes, a las setas, a los corzos y a las brujas, tejiendo una polifonía animista que le valió el Premio de Literatura de la Unión Europea y la traducción a más de veinte idiomas.

En 2023 regresa con Te di ojos y miraste las tinieblas (Et vaig donar ulls i vas mirar les tenebres), una novela abrumadora que transcurre en un solo día, pero que abarca siglos de historia familiar en una masía remota. En ella explora el pacto con el diablo, la fealdad, el humor grotesco y la memoria de las mujeres olvidadas. Irene Solà se ha erigido como la gran renovadora de la literatura catalana actual, capaz de mezclar la tradición oral más atávica con las técnicas del arte contemporáneo, creando una prosa que huele a tierra mojada y a leyenda antigua.

Curiosidades de Irene Solà

Antes que escritora, Irene se considera artista visual. Su proceso creativo no empieza siempre con palabras, sino con investigación de campo, archivos y texturas. De hecho, ha expuesto su obra en la Whitechapel Gallery de Londres. Ella misma afirma que trata el texto como una materia plástica, buscando colores y ritmos más propios de una instalación artística que de una novela convencional.

Para escribir Canto yo y la montaña baila, llevó a cabo una exhaustiva investigación sobre los procesos de brujería en Cataluña entre los siglos XV y XVII. No se inventó el dolor de las mujeres juzgadas; buceó en archivos históricos reales para rescatar sus nombres y sus supuestos «crímenes», devolviéndoles la voz que la historia les había arrebatado y transformando el estigma en canto.

Tiene una obsesión particular por descentralizar la mirada humana. En sus libros, el ser humano es solo un elemento más del paisaje, no el protagonista absoluto. Esto la lleva a escribir capítulos enteros desde la perspectiva de una tormenta, de un perro o de un hongo, un ejercicio de empatía radical que obliga al lector a abandonar su ego y entenderse como parte de un todo natural.

Su última novela, Te di ojos y miraste las tinieblas, nace de un pacto fáustico, pero con un giro doméstico. Solà se obsesionó con el folclore del demonio y cómo este figura aparece constantemente en las leyendas locales no como un ser de terror puro, sino a veces como un tramposo o un compañero de baile. Quiso explorar qué pasaría si ese pacto no buscase el poder o la gloria, sino simplemente la supervivencia de un linaje familiar en una casa que parece tener vida propia.

A pesar de su éxito global, escribe exclusivamente en catalán, su lengua materna y la lengua de la tierra que narra. Defiende que la universalidad de una historia no depende del idioma en que se escribe, sino de la profundidad humana que alcanza. Curiosamente, en Anagrama es publicada en castellano con traducciones (a menudo revisadas o realizadas por traductores de su total confianza como Concha Cardeñoso) que logran mantener esa musicalidad rugosa y poética del original.

OBRAS

Canto yo y la montaña baila es una novela en la que toman la palabra mujeres y hombres, fantasmas y mujeres de agua, nubes y setas, perros y corzos que habitan entre Camprodon y Prats de Molló, en los Pirineos. Una zona de alta montaña y de frontera que, más allá de la leyenda, conserva la memoria de siglos de lucha por la supervivencia, de persecuciones guiadas por la ignorancia y el fanatismo, de guerras fratricidas, pero que encarna también una belleza a la que no le hacen falta muchos adjetivos. Un terreno fértil para liberar la imaginación y el pensamiento, las ganas de hablar y de contar historias. Un lugar, quizás, para empezar de nuevo y encontrar cierta redención.

*Literatura Diderot recomienda libros por su valor cultural y divulgativo, sin alinearse con ideologías o religiones. Cada recomendación se basa en obras relevantes para el autor analizado.*