Actos humanos

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Actos Humanos de Han Kang

La novela Actos humanos, de Han Kang, es una obra mayúscula de sensibilidad. Tiene un sentido estético fuera de lo común y explora la espiritualidad humana como muy pocos escritores lo han hecho antes. Es, tal y como dice una de las críticas que con boato las editoriales se empeñan en colocar en su portada, para adornarla innecesariamente: relevante.

Es mayo de 1980, y se producen en la ciudad de Gwangju una serie de revueltas que movilizan a la población en contra de la dictadura que meses atrás había tomado el poder en Corea del Sur. La mayoría de dislates fueron estudiantes universitarios que saltaron a las calles en busca de una democracia real y la policía, el ejército y los diferentes cuerpos de represión no hicieron distinciones entre civiles, reactivos rebeldes y enemigos. Murieron miles de personas. Actos humanos es la historia de una de esas familias, tocada por la varita de la desgracia.

El libro está dividido en varias partes concéntricas que giran en torno de la figura del protagonista, Dongho, al que conocemos durante los primeros compases de la obra. Dongho busca, entre los cadáveres que colapsan el polideportivo municipal, el cuerpo de un amigo que se unió a la resistencia, y el de su hermana. Ambos viven, junto a su padre, en la casa de invitados de Dongho, por lo que más que vecinos, son prácticamente familia.

En ese intento por buscar los restos de su amigo, se topa con una compañera de clase, que se dedica a recibir a las familias en el polideportivo con el fin de que reconozcan y encuentren a sus seres queridos. La mujer le pide a Dongho el relevo. “No te vayas”, le dice. Y es llamativo, o quizás sea casualidad, que la transcripción fonética al inglés del nombre del protagonista sea Dont go. Dongho. O, “no te vayas”.

Se queda, y paulatinamente observamos cómo se va familiarizando con el trabajo de cuidador del polideportivo. De esta manera, también se nos presenta el concepto de “alma”, muy importante en la obra, y Dongho reflexiona acerca del mismo. ¿Dónde habita el alma, si es que existe?

¿Adónde irán las almas cuando se mueren los cuerpos? -piensas de pronto-. ¿Cuánto tiempo se quedarán junto a él?».

Después de asegurarte de que no hay más velas que cam-biar, te diriges hacia la puerta.

«Cuando una persona viva observa el cuerpo de un muerto, ¿estará también al lado el alma de este último observando su propio cuerpo?».

Echas un último vistazo antes de salir del polideportivo.

No se ven las almas por ningún lado. Solo están los cuerpos tendidos en silencio y el terrible hedor cadavérico.

Actos humanos pp.15-16

Pocos libros han tenido la repercusión de El Caballero de la Armadura Oxidada, sin duda porque es mucho más que un libro. Las profundas enseñanzas éticas que contiene son impartidas con una gran simplicidad y con un toque de humor muy sutil. El protagonista, un caballero deslumbrado por el brillo de su armadura, a pesar de ser bueno, generoso y amoroso, no consigue comprender y valorar con profundidad las cosas que suceden a su alrededor. Su armadura se va oxidando hasta que deja de brillar y no puede quitársela. Prisionero de sí mismo, emprende entonces un viaje al final del cual, gracias a la ayuda de diversos personajes, logra sacarse la armadura. Este libro nos enseña, de una forma muy amena, que debemos liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos y amarnos a nosotros mismos para poder ser capaces de dar y recibir amor.

Parece que dejamos a Dongho en un segundo plano y conocemos la historia de su vecino, en uno de los capítulos más deslumbrantes del libro y posiblemente de la literatura contemporánea. La forma de dar voz a ese alma que rodea el cuerpo del vecino muerto, y sus posibles pensamientos, sus añoranzas y los desvelos de ese que se consideraba un ser humano, nos acercan su historia y la de su hermana, que reconocemos también muerta debido a las luchas intestinas de los rebeldes contra el ejército.

De pronto algo parecido a un pájaro se escapó de su rostro, del que solo se podían ver los ojos cerrados y la máscara de oxígeno. Te quedaste de pie, pasmado, contemplando su cara llena de arrugas, que se había convertido en la de un cadáver en apenas un instante, porque no sabías adónde se había ido esa avecilla

Actos humanos. p.25

Encontramos un pasaje en el que la protagonista es una persona adulta, en el presente, y un periodista o investigador que persigue su testimonio. Descubrimos, durante el transcurso de ese episodio, que se trata de la compañera de Donhgo, que le pidió el favor de permanecer en el gimnasio para darle relevo, mientras los familiares reconocían los cuerpos, lo que irremediablemente cambió la vida de ambos y que la perseguirá para siempre.

Entonces lo supe. Supe que lo que nos había hecho permanecer alli eran esas pieles, esos cabellos, esos músculos y esas entrañas. La fuerza magnética con que nos atraían nuestros cuerpos se fue debilitando vertiginosamente. Las sombras, que nos habíamos retirado a los matorrales y nos rozábamos.

Actos humanos. p. 59

Los dos últimos capítulos son los más dolorosos. En el penúltimo nos topamos con el testimonio de la madre de Dongho, cuya cicatriz aún no ha sanado después de varias décadas. Y en el último, a su hermano mayor, que ha visto cómo su familia ha cargado con el peso de una decisión infantil, pueril y osada, que condujo a Dongho a las primeras filas de aquella rebelión.

Su madre le imploró regresar a casa y Dongho hizo caso omiso a causa del respeto que le había causado conocer todas las historias de aquellos jóvenes a los que el ejército había masacrado. En última instancia, Han Kang habla con voz propia, con la de una autora que consigue hablar con el hermano mayor de Dongho y este comienza a detallar un relato inasible, pero que la ganadora del Premio Nobel consigue transformar en una herida tangible.

Te pones a andar dándole la espalda al edificio principal del hospital. Cruzas el césped, donde poco a poco comienza a vislumbrarse la claridad del amanecer. Llevas las manos cogidas a la espalda y sostienes la mochila, que pesa como el plomo, como si llevaras un niño a cuestas, como si le dieras golpecitos en las nalgas para acallar su llanto.

<<<Yo soy responsable de lo que pasó, ¿verdad?», preguntas con los labios apretados, dirigiéndote a la sombra azulada que se agita ante tus ojos.

Si te hubiera dicho que te fueras a tu casa, Dongho, si te lo hubiera pedido por favor cuando nos levantamos después de comer el kimbab, no te habrías quedado, ¿verdad? ¿Es por eso por lo que vienes a mí? ¿Para preguntarme por qué sigo viva?

Con los ojos cruzados de rayas rojas como si alguien los hubiera rasgado repetidas veces con algo afilado, caminas a paso rápido. Vas hacia las luces de la sala de urgencias. 

Actos humanos. p. 162

Actos humanos es una novela especial. Su primera parte es deslumbrante. No hay comparación con otras obras contemporáneas, más que con quizás Canto yo y la montaña baila de Irene Sola, que sin ser excelente, recrea ese hálito espiritual del poso que dejan los que ya no están. Como digo, los primeros capítulos son de una sensibilidad excelsa. El núcleo de la obra es insustancial y el broche de oro lo pone un capítulo final que cierra la historia con una delicadeza especial.

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN8/10
2. MADUREZ NARRATIVA7/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA7/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS7/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO8/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO7/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES7/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA7/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD6/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO7/10
Total 71/100