Contenidos
El hombre en el castillo
El hombre en el castillo no es para todos los públicos. Y no me refiero a que contenga lenguaje soez o fuera de tono. Lo que digo sí afirmo es que Dick tiene un público, una legión de fans que habitan en un nicho muy concreto donde las libaciones al autor son más comunes tanto en cuanto las publicaciones del mismo se reproduzcan como esporas. Esta obra, que requiere de una meditación profunda, está considerada como una obra maestra de la literatura universal, anticipación y distópica y, como he dicho tiene un público entre el que, lamentablemente, no me encuentro.
Es cierto. La novela no ha sido para mí. Aun no habiéndola disfrutado en el transcurso de la lectura, sí he conseguido disfrutarla a posteriori, durante su postrera interpretación y su pormenorizado análisis. Vayamos parte por parte, para explorar con detenimiento los aspectos que hacen de esta un gran intento, y para mí se queda en eso, en un intento, por convertirse en la gran novela fundación del género: ¿qué hubiera pasado si…?
La premisa es muy sencilla. Alemania y Japón ganaron la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos fue dividido, la Costa Oeste pertenece a Japón y la Costa Este al Reich alemán. Entre ambos existe una zona neutral, pero ese mundo no es el verdadero protagonista. Es decir. Que la novela abre la interpretación a existencia de más mundos, a parte del universo paralelo en el que los aliados perdieron la II Guerra Mundial.
En este prisma aparecen varios personajes principales que funcionarán como una suerte de mecanismos entrelazados que hacen avanzar a la trama. Tenemos a Robert Childan, comerciante anticuario que quiere agradar a los japoneses que viven en San Francisco. Vende un reloj de Mickey Mouse, uno de los últimos que quedan, a Nabosuke Tagomi que será un regalo para otro personaje secundario, Bayns. También Frank Frink y su expareja Juliana Frink. Frank es artesano judío y comienza una empresa junto a un comerciante novato llamado Ed McCarthy, con la que pretenden revolucionar el mercado del arte. Juliana, por su parte, es maestra de judo, y viaja junto a un agente encubierto nazi para asesinar al “Hombre en el castillo”, el autor del libro La langosta se ha posado, un libro que habla sobre un hipotético futuro en el que Alemania no ganó nunca la Segunda Guerra Mundial. Este es el punto de inflexión del libro. Dick no habla de nuestro presente paralelo, sino de un tercer universo.
Vayamos por partes:
Glen Runciter está muerto. ¿O lo están todos los demás? Lo que es seguro es que alguien ha muerto en una explosión organizada por los competidores de Runciter. De hecho, sus empleados asisten a un funeral. Pero durante el duelo comienzan a recibir mensajes desconcertantes, e incluso morbosos, de su jefe.Y el mundo a su alrededor comienza a desmoronarse de un modo que sugiere que a ellos tampoco les queda mucho tiempo.
Esta mordaz comedia metafísica de muerte y salvación (que podrá llevar en un cómodo envase) es un tour de force de amenaza paranoica y comedia absurda, en la cual los muertos ofrecen consejos comerciales, compran su siguiente reencarnación y corren el riesgo continuo de volver a morir.
Childan comienza siendo un comerciante miserable que vende auténticas reliquias americanas a japoneses ricos. El problema es que casi todas son falsificaciones. Aquí ocurre algo también importante: los objetos hechos con auténtica creatividad, como las joyas fabricadas por Frank Frink, poseen un valor que las falsificaciones nunca tendrán. Childan representa la pérdida de la identidad estadounidense, la diferencia entre autenticidad y copia, y Frink, por su lado, representa la creatividad, la libertad y la autenticidad.
Juliana es el personaje central, aunque socavado por su contrapartida masculina. Vive en la zona neutral, donde conoce a Joe Cinnadella. La misión de este, nazi encubierto es asesinar a Hawthorne Abendsen, autor del libro citado. Pero ella lo mata antes de que pueda cumplir con lo que prometió a las altas esferas del Reich.
Tagomi es un alto funcionario japonés, profundamente espiritual. Durante una reunión diplomática, dispara y mata a dos agentes alemanes para salvar a otras personas. A partir de entonces comienza su declive ontológico y entra en una crisis de dimensiones catastróficas. Gracias a una joya fabricada por Frank, Tagomi parece transportarse a una época diferente. No. Es la misma época, pero los aliados ganaron la guerra.
-¿Qué es eso? -preguntó el señor Baynes al señor Tagomi.
-Un antiguo poema -dijo el señor Tagomi-. Del período medio Tokugawa.
El señor Kotomichi dijo:
-Cae la lluvia de la primavera, todo lo moja, y en el techo hay una pelota de trapo. (un haiku de Yosa Buson).
El hombre en el castillo p. 52
La joya funciona como una especie de transductor, un elemento de posesión y viaje, que conduce a Tagomi a nuestro mundo. Bueno, en realidad. No del todo. Abdensen ha escrito un libro, La langosta se ha posado, que es la comidilla de los personajes. Todos se han rodeado de él, conocen su existencia y saben que esconde una relevante reflexión temporal además de por su trama, por el aura de misterio que envuelve a su autor, enclaustrado en una torre pendiente siempre de los ataques nazis en su contra, ya que el régimen ha prohibido su lectura por profética y apotropaica.
En ese mundo Alemania ha perdido, pero no es nuestro mundo. Roosevelt sigue vivo, el Reino Unido se convierte en una superpotencia, y Estados Unidos no domina el mundo como en nuestra realidad. La Guerra Fría no ocurre de la misma manera. Es, al fin y al cabo, otra línea temporal.
Juliana, cuando se encuentra al autor del libro le pregunta cómo se le ha podido ocurrir esa idea. Y la respuesta es la misma que hubiera dado Philip K. Dick: consultando el I ching, un libro del siglo X antes de Cristo que presenta diferentes respuestas a cuestiones que el lector puede plantear y de manera universal resolverse a través de esas frases.
Ese es el final del libro. Y hay varias interpretaciones: la primera es que el mundo nazi es falso y todo lo que ocurre en él está en una realidad equivocada. Dick asegura que no existe una sola realidad. Existen muchas y todas pueden ser verdaderas y coexistir al mismo tiempo. Otra es que las historias son las que crean la realidad y el libro de Abendsen es el que modifica el mundo. Pero, ¿qué tiene que ver el I Ching aquí?
En este sentido es un personaje más. Todos lo consultan, incluso Dick, que confesó haberlo consultado al redactar El hombre en el Castillo. Y, ¿por qué se llama La langosta se ha posado, ese libro de Abdensen?
El título procede de un versículo del Eclesiastés (12:5), donde aparece la imagen de una langosta que se arrastra o se convierte en una carga. Es un pasaje sobre la vejez, la fragilidad y el final de una época. Dick nunca explica el significado de este título, pero encaja con la idea de que el mundo ha llegado a un fin de ciclo y cuya aparente estabilidad está a punto de desmoronarse.
| Ítem | Calificación |
|---|---|
| 1. DESCRIPCIÓN | 4/10 |
| 2. MADUREZ NARRATIVA | 7/10 |
| 3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA | 5/10 |
| 4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS | 6/10 |
| 5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO | 6/10 |
| 6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO | 7/10 |
| 7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES | 6/10 |
| 8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA | 8/10 |
| 9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD | 7/10 |
| 10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO | 6/10 |
| Total | 62/100 |
