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Nadja de André Breton

La novela Nadja, de André Breton, es una de las más ricas en curiosidades surrealistas y en la época de los primeros años del siglo XX más parisino. La obra se centra en la relación entre Breton y una mujer que conoce por las calles de la ciudad. Comienzan lo que se creyó una aventura amorosa pero que coincide mucho más con los ímpetus y con los alcoholes resurreccionistas del movimiento surrealista, que acababa de florecer en el espíritu de los artistas después de la muerte del Dadá a manos del mismo Breton. Véase el artículo sobre Tristan Tzara y su El hombre aproximado.

Con el tiempo, y con la sospecha de que a Nadja la acosan los espectros de la demencia, Breton se va distanciando de ella. Y aparecen en el diario íntimo que representa esta novela, algunos detalles curiosos y reflexiones varias sobre diversos actantes emocionales del surrealismo francés. Breton rompe su relación con Nadja cuando esta es ingresada en un psiquiátrico y durante años pierde la esperanza de volver a toparse con esa personalidad tan munificente que representaba la mujer, liberal y apoteósica.

Esa es, en síntesis, la trama de Nadja. En el centro, varios episodios que requieren de nuestra atención. En un primer lugar, en esta edición magnífica de Cátedra Letras Universales, se pone de manifiesto el origen el término Surrealismo, que Soupault y Breton deciden bautizar de esta manera en honor a Guillaume Apollinaire, tal y como se especifica a continuación:

Antes del surrealismo

El capítulo de Los pasos perdidos es elocuente acerca de la admiración que siente por quien había de interesarse por las «profundidades del espíritu» en Caligramas (1918) y había inventado el término «surrealismo» para calificar sus Mamelles de Tirésias (1917): «cuando el hombre quiso imitar el andar inventó la rueda que no se parece a una pierna: sin saberlo, hizo así surrealismo». Este capítulo, prepublicado en la revista L’Eventail le había de ser solicitado por el propio Apollinaire. La respuesta de Breton es elocuente (carta del 28.III.1918): «Pasado el primer momento de conmoción, quiero decirle que acepto su encargo con entusiasmo. Nada podía causarme mayor emoción que semejante muestra de distinción viniendo de usted.» Por todo ello no es descabellado que en el Manifiesto de 1924 aparezca la fórmula bien conocida: «Como homenaje a G. Apollinaire, que acababa de morir… (…) Soupault y yo designamos con el nombre de SURREALISMO el nuevo medio de expresión pura…»s.

Nadja. P.14

«Nadja» (1928) es una obra compleja en la que, a partir de la relación que se estableció en 1924 entre el personaje que da título al relato y el autor, se encuentran todas las claves del Surrealismo en la etapa de su desarrollo inmediatamente posterior a la publicación del primero de sus «Manifiestos», es decir, en pleno dinamismo conceptual. Muy densa en significados, puede ser considerada una de las obras más importantes del autor y del movimiento del que es, sin duda, su quintaesencia. «Nadja» es la obra germinal del movimiento literario surrealista en nueva traducción y con el comentario del mejor especialista español en ese periodo literario francés.
 

Y en esa época, a principios de los años veinte, Soupault y Breton confeccionan la obra que dará comienzo a este movimiento, no sin antes arremeter contra los dadaístas, como el mencionado Tzara, al que agreden durante la representación de una de sus obras a causa de la enemistad entre los grupos literarios. Porque, ciertamente, el surrealismo fue en origen un movimiento literario, mucho antes que pictórico. Y aquí se estipulan las normas que lo definirán:

Esas frases, de imágenes muy notables y con una sintaxis perfectamente correcta, me habían parecido elementos poéticos de primera categoría. Al principio, me limité a retenerlas. Más tarde Soupault y yo pensamos en reproducir en nosotros, voluntariamente, el estado en el que se formaban… (…) Los Campos magnéticos no son sino la primera aplicación de este descubrimiento…»12. Tras el período nihilista y provocador de Dadá, sin perder su carácter subversivo, la escritura se orientará en una dirección nítida: la recuperación de fragmentos del subconsciente. No se trata todavía de ello y todavía está por llegar el mejor momento Dadá parisino. Pero el primer paso hacia el surrealismo había sido franqueado

Nadja. P. 17

Breton estaba ya introducido en la escena parisina, y prueba de ello son sus innumerables anécdotas con personajes ilustres del bestiario artístico, como Picasso, Éluard, o el mismísimo Jean Coteau, a quien vilipendió en varias ocasiones y con quien nunca se llevó demasiado bien. Breton era un excéntrico y un extremista. Condujo al movimiento surrealista a su extremo y concitó a sus integrantes a seguir unas normas estipuladas marcadas por un hálito casi dictatorial, lo que era contradictorio por los preceptos originales de la corriente.

El día del estreno de Color de Época25, de Apollinaire, en el Conservatorio Renée Maubel, mientras conversaba con Picasso en el palco durante el entreacto, se me acerca un muchacho, balbucea algunas palabras, acaba por darme a entender que me había confundido con uno de sus amigos dado por muerto en la guerra. Naturalmente, todo se queda en eso. Poco después, por mediación de Jean Paulhan, escribo una carta a Paul Éluard y entramos en correspondencia sin que por entonces tuviéramos la más mínima imagen física el uno del otro. Durante un permiso, viene a verme: él era quien me había abordado en Color de Época. 

Nadja. P. 112

Y se presenta, después de este interludio de digresiones, al personaje de Nadja, liberado de la cláusula humana y postrada ante el regio adalid del liberalismo. Esa subversión poética que encontró en la mujer está basada en Leonor, otra de sus amantes, a quien Breton abandonó, como a la Nadja mítica, en un hospital psiquiátrico tras una crisis nerviosa en 1928, meses antes de la publicación de la obra homónima.

¡Cuántas veces, sin poder aguantar más, desesperando de poder orientarla de nuevo hacia una concepción real de su valía, casi huí de ella, a riesgo de volverla a ver al día siguiente como sabía ser cuando ella misma no estaba desesperada, reprochándome mi dureza y pidiéndole perdón! Acerca de todo esto, tan deplorable, debo con-fesar sin embargo que cada vez me trataba con menos miramientos, que a menudo todo terminaba en violentas discusiones que ella agravaba al atribuirles motivos mezquinos que no existían. Todo eso que hace que podamos vivir de la vida de un ser, sin que deseemos obtener de él nada más que lo que nos da, que nos baste hasta el exceso con verlo moverse o estar quieto, hablar o callar, velar o dormir, tampoco existía por mi parte en absoluto, nunca había existido: demasiado seguro estaba de ello…..

Nadja. P. 215

La alusión a la concepción inmaculada de un espectro angelical como lo era Nadja para Breton hace mella en su personalidad y en sus inventivas. Traslada esa sagrada figura casi mariana al cuerpo de una mujer mediocre, que se convierte en la musa de un muso, solo para elaborar, a causa de la excentricidad y de la personalidad mayestática y vibrante de una mujer, el espejo del siglo XX, a través de los ojos surrealistas de aquellos que ya negaban la realidad. El enigma estaba claro: esconder el cuerpo de Nadja entre la mundanidad para destacar a través del resol que habita en este tipo de personas, elaboradas muestras de excelencia guardadas en un frasquito diminuto.

Tú no eres un enigma para mí.

Digo que tú me desvías del enigma para siempre.

Puesto que existes, como tú sola sabes existir, quizás no era muy necesaria la existencia de este libro. He creído que podía decidir lo contrario, en recuerdo de la conclusión que yo quería darle antes de conocerte y que, desde mi punto de vista, tu irrupción en mi vida no ha invalidado. Incluso sólo es a través de ti como esta conclusión cobra su auténtico sentido y toda su fuerza.

Ella me sonríe como a veces me has sonreído, por detrás de grandes espesuras de lágrimas. «Es el amor, otra vez», decías y, más injustamente, también llegaste a decir: «Todo o nada.

Nadja. P.240

Termina la historia de Nadja con ella ingresada en un psiquiátrico, y con Breton como intérprete de un mensaje que nunca llega a decodificar debido a las interferencias que a causa de la enfermedad de ella, evitan que se complete de forma categórica el ciclo comunicativo. Así lo expresa el traductor y responsable de la edición de Cátedra, que ejemplifica el estado y la posición de Breton de la siguiente manera:

Se trata de una noticia periodística auténtica en primera página de Le Journal del 27.XII.1927- a la que Breton atribuye un carácter simbólico. Como señala M. Bonnet, en la tarde del 23 de diciembre despegó de Nueva York el hidroavión «Dawn» para llevar a cabo una travesía transatlántica: se dirigía a Terranova pero nunca llegó allí. A bordo viajaban tres tripulantes y una sobrina del presidente Wilson, la aviadora Frances Grayson. Durante toda la última semana del año cuando Breton concluye la redacción de la obra- los periódicos se interesan por las hipótesis del accidente y él ve en este accidente un relato metaforizado de su propia experiencia: su papel se habría limitado a captar un «mensaje» indefinido pero vital y trascen-dente lanzado por Nadja, dificil de interpretar a causa, entre otras razones, de las «interferencias», y antes de desaparecer ella misma arrastrada por la tormenta en algún lugar del inconsciente a este respecto la localización en la Isla de Sable («de Arena») es significativa-, y sin que se pudiera «entrar de nuevo en contacto». En 1962, subtitulando su Prólogo como «mensaje con retraso», insiste acerca de la importancia de este final en el que hasta el propio nombre del aparato, «Dawn», «amanecer», le recuerda el episodio de «Les Aubes»- y que al autor le parece condensar, tanto por el hecho en sí como por su relato, su experiencia y la de la escritura de la obra.

Nadja. 242.

La última frase de Breton es su emblema surrealista y su lucha por la tan ansiada belleza convulsa. Que determina por evolucionar conforme la visión de Breton también se transforma a causa de su madurez. Breton no es un literato profundo, ni un genio de las letras, porque su faceta fue la subversión y la creatividad, que consiguieron dibujar en el panorama parisino, una nuevo prisma de actualidad. Lean, no obstante, a Breton como a un espíritu libre y errante, que atraviesa con una flecha el corazón del clasicismo francés para construir sobre su cadáver la nueva ideología de las artes: el surrealismo.

La belleza será CONVULSIVA o no será

La fórmula en sí misma ha sido objeto de abundantes análisis tanto por su forma como por su significado. La crítica ha establecido los antecedentes de «ou ne sera pas» en Thiers -«La República será conservadora o no será» (1872) y también en el propio Breton: se trata de una fórmula enérgica y excluyente, ya fijada. En cuanto a la utilización de las mayúsculas en el calificativo es bastante elocuente acerca de su importancia significante: también las fuentes señalan tanto al episodio de los «convulsionarios» en el siglo XVIII como a la terminología clínica que, según M. Bonnet, introduciendo la temporalidad, permitiría aclarar la aparente contradicción anterior de «ni estática ni dinámica». Años después, en 1934, su artículo del núm. 5 de Le Minotaure, titulado «La belleza será convulsa», desarrolla el concepto y se convertirá en el primer capítulo de L’Amour fou, en 1937: en él, la palabra «convulsiva» carecería de cualquier «sentido si fuera concebida durante el movimiento y no en la precisa expiración de ese mismo movimiento», para concluir: «La belleza convulsiva será erótico-velada, explosivo-inmutable, mágica-circunstancial o no será.

Nadja. P.243.

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN6/10
2. MADUREZ NARRATIVA8/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA7/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS7/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO7/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO8/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES7/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA7/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD7/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO8/10
Total 72/100