ROBERT FISHER

Robert Fisher (1922-2008)

Robert Fisher  posee una de las trayectorias más paradójicas de la literatura contemporánea. Antes de convertirse en un autor traducido a decenas de idiomas y reverenciado en el ámbito del crecimiento personal, Fisher fue uno de los arquitectos más prolíficos de la edad de oro de la comedia estadounidense. Nacido en Brooklyn, comenzó su carrera a los 19 años escribiendo guiones para radio, cine y televisión, convirtiéndose en el creador de chistes y monólogos para gigantes de la talla de Groucho Marx, Bob Hope, George Burns o Lucille Ball.

Durante décadas, Fisher fue un hombre que vivía detrás del telón, oculto tras las risas de otros, escribiendo más de 400 programas de radio y 1.200 de televisión. Sin embargo, tras una vida dedicada al entretenimiento puro, Fisher experimentó una profunda inquietud espiritual. Comprendió que el humor, a menudo, es solo otra coraza para evitar enfrentarse al dolor y al vacío existencial. Fruto de esta crisis y de su inmersión en la espiritualidad, en 1987 publicó El caballero de la armadura oxidada (The Knight in Rusty Armor). Lo que parecía un modesto cuento infantil se transformó en un fenómeno editorial silencioso y global, un longseller absoluto que consagró a Fisher no como un guionista de Hollywood, sino como un sanador del alma moderna.

Curiosidades de Robert Fisher

Fisher utiliza el ritmo del gag televisivo para aligerar la carga filosófica. A diferencia de otros libros de autoayuda que son dogmáticos y pesados, Fisher introduce a personajes como una ardilla sarcástica, una paloma pragmática o un Merlín que responde con ironía socrática. Fisher sabía que la mejor forma de colar una verdad dolorosa en la mente del lector es hacerle sonreír primero.

Fisher toma el molde clásico de la novela artúrica y lo invierte por completo. En la literatura clásica, la armadura es símbolo de honor, protección y nobleza; el caballero sale al exterior a matar dragones para salvar a la damisela. En la obra de Fisher, la armadura es la enfermedad (el ego, la vanidad, la máscara social que nos asfixia) y los dragones no están fuera, sino dentro (el Dragón del Miedo y la Duda). La damisela (su esposa Julieta) no necesita ser rescatada del peligro, necesita ser rescatada del propio caballero.

 El caballero se enamora tanto de la imagen que proyecta (el héroe bueno, generoso y amoroso) que olvida quién es en realidad, hasta el punto de que la máscara se adhiere a su piel. Es un retrato demoledor de la sociedad moderna: personas atrapadas en sus títulos profesionales, en su éxito o en sus redes sociales, incapaces de mostrar vulnerabilidad.

Fisher logró un milagro editorial: escribir un libro de autoayuda que los críticos literarios respetan. Se le clasifica habitualmente junto a obras como El principito de Saint-Exupéry o Juan Salvador Gaviota de Richard Bach. No ofrece listas de «diez pasos para ser feliz», sino una alegoría narrativa estructurada en etapas ineludibles (el Castillo del Silencio, el Castillo del Conocimiento, el Castillo de la Voluntad y la Osadía), recordando a las fases del Viaje del Héroe de Joseph Campbell o incluso al purgatorio dantesco.

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