TONY PAGODA Y SUS AMIGOS

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Tony Pagoda y sus amigos

Sorrentino no empezó con La Gran Belleza, aunque tenía en mente desde el principio este personaje cínico, hermano de Jep Gambardella, que protagoniza Tony Pagoda y sus amigos. Este libro no es una novela al uso, como sí lo puede ser la concepción de la Gran Belleza literaria, aunque sea más bien un guion vertido sobre las páginas de un libro fresado. Pagoda es una galería subterránea de relatos que rescata el personaje de su primera novela Todos tienen razón. Es un veterano cantante napolitano que ha tocado el cielo porque un día, Sinatra, aplaudió una de sus actuaciones.

«Luego he recordado los días en que vagaba con las mismas sensaciones por una librería hasta que leí en la contraportada de un libro una frase de Cardarelli que decía más o menos así: <<Roma, hoy en día, tiene una puesta de sol que podría aplazar un suicidio». En otra época hubiese sonreído«p. 101

Tony se ríe de la vida

Roma y Nápoles son dos ciudades capitales para la narrativa de Sorrentino. Son lugares que, como el mismo Pagoda argumenta, pueden salvar a alguien del suicidio. “Roma o muerte”, un apotegma que será vinculante en su Gran Belleza. Aquí Pagoda es un cocainómano ya pasado de vuelta que no tiene nadie al volante de la vergüenza.

Al estar al margen de la alta cultura, Tony se permite decir verdades como puños, cuestiones existenciales brutales fuera de lo políticamente correcto. Es el Diógenes encarnado.

La nostalgia de mis mejores años. Uno finge que el mundo era mejor entonces, pero no es cierto, es una excusa, eras tú quien era mejor entonces.

Sus amigos son una caterva de perdedores y se demuestra, con la descripción de sus personalidades, y con los relatos en los que Sorrentino no desaprovecha la oportunidad de meter a Maradona, o al Papa, que la amistad es un pacto de supervivencia entre náufragos. Dota a Pagoda de u na compasión infinita, para poder soportarlos.
Pero también hay digresiones fecundas y muy sustanciosas. Allí donde la vejez ya habita, llama a la puerta del sabio que agota su juventud, resiste un pequeño guerrero que se arrepiente de haber malgastado el tiempo pasado.

Cuando éramos jóvenes nos abandonábamos a la autenticidad. Y también a la búsqueda del gesto teatral, a la proclamación de la belleza; todo lo que ahora nos parecen tonterías eran entonces veletas de lo auténtico. Descubrimos más tarde las caries de la teatralidad rancia y corrupta; la blanda, desmenuzada representación del eterno retorno. Y recuperamos entonces, con lágrimas en los ojos, todo aquello que tuvo que ver con el hecho de ser jóvenes. La fuerza de la juventud no reside en su santidad, y menos aún en la mitología de la despreocupación. Más bien al contrario, si hay un periodo alborotado y carente de despreocupación, ese es precisamente el periodo de nuestra juventud. La fuerza de la juventud reside en su escandalosa y desnuda verdad, en la belleza de una verdad que no podía ser de otra manera, puesto que reflejaba el único mundo que entonces era posible.

Y si la juventud es su kriptonita, la madre es la figura tierna que siempre aparece en las ensoñaciones de Sorrentino. Él perdió a sus padres en un accidente doméstico, tal y como narra con suma delicadeza en Fue la mano de Dios, y el recuerdo de la madre que llama a su hijo desde el balcón napolitano está presente incluso sin la fatídica mención al futuro que le esperaba.

 

Ya no están aquí las madres que nos llamaban des-de los balcones. Gritaban y cambiaban de ento-ación. Se enfadaban progresivamente, a medida que, desde el otro lado, se extendía un tupido velo de sospechoso silencio. Se enfadaban porque la comida, ya servida, corría el riesgo de enfriarse. Luego, la idea de un plato sobre otro. Vueltos del revés. Las gotitas de condensación. Qué re-cuerdos más imponentes. Las madres. No contestábamos a sus gritos porque queríamos jugar a la pelota un poco más. La duda del gol, puesto que no había porterías. Solo palos y largueros imaginarios, altos como nuestra juventud. ¿Dónde habéis ido a parar? ¿Por qué habéis dejado de llamarnos? Erais las centinelas de nuestra dispersión. Y nos pusisteis, de golpe, junto a vosotras cuando todavía no estábamos preparados -ni lo estaremos nunca- para ser quienes llaman a los demás.

Tony Pagoda, una vieja gloria de la canción italiana, decide ponerse a escribir acerca de sus diversos amigos. Personajes famosos y anónimos pueblan este libro, amigos de la infancia y celebridades italianas como la actriz Carmen Russo o el mago Silvan. Cada pieza de esta novela episódica es una oportunidad perfecta para demostrar la moral del absurdo que se ha convertido en un rasgo inconfundible del estilo de Sorrentino. Tony Pagoda es aficionado a la carcajada entre amigos, la tomadura de pelo y el desprecio a lo mediocre. El ritmo narrativo de Sorrentino le ha valido comparaciones con grandes de la literatura como Céline y Gadda.
 

Ya que saco a colación Fue la mano de Dios, quiero destacar que esta película no es ficción, sino que encarnan los actores a los miembros de la familia del director. Aquí, en Tony Pagoda y sus amigos, vemos un breve extracto que luego Sorrentino llevará a la gran pantalla, y que con tanta vergüenza o desvergüenza protagonizó su madre cuando él era aún adolescente.

 

Perfecto. El maestro, y esto es un gran secreto que le comunico, está preparando una nueva película para la que no quiere contratar a actrices profesionales. Usted le ha impresionado mucho y querría verla cuanto antes mejor para ofrecerle un papel de protagonista. Tendría que venir a Roma a más tardar pasado mañana y empezar también las pruebas de vestuario y de peluquería, ¿comprende?», dice mi madre, prestando mucha atención en la aspiración de todas las que aparecen en cada palabra.

La vecina, enamorada de Fellini, recibía la llamada de la secretaria para un casting secreto. No era sino la propia madre de Pagoda, transfigurada a la de Sorrentino, que disfrutada viendo el mundo arder, para enseñarle a sus hijos que las expectativas eran peligrosas y el mundo un hervidero de monstruos.

Tony Pagoda es el precursor literario de Jep Gambardella. Ambos comparten el mismo ADN: hombres tocados por el cielo y el barro de la vida mundana. Observan la decadencia de sus ciudades con una mezcla de asco y refinación. De hecho, y ya para terminar, Toni Servillo fue el encargado de ponerle la voz y el cuerpo a Tony Pagoda en una adaptación teatral y grabó también la voz del audiolibro en Italia.

Ítem Calificación
1. DESCRIPCIÓN6/10
2. MADUREZ NARRATIVA6/10
3. RIQUEZA LINGÜÍSTICA7/10
4. DESARROLLO DE PERSONAJES / PLANTEAMIENTO DE LAS TESIS Y/O PROTAGONISTAS8/10
5. HISTORIA / TRAMA / CONDUCCIÓN DEL ENSAYO6/10
6. DESENLACE / FINAL DEL ENSAYO8/10
7. DIÁLOGOS / RELACIÓN ENTRE PERSONAJES / CALADO DE LOS PERSONAJES8/10
8. PROFUNDIDAD Y SIMBOLOGÍA7/10
9. UNIVERSALIDAD / IMPACTO EN UNA SOCIEDAD5/10
10. RELEVANCIA HISTÓRICA EN SU CONTEXTO5/10
Total 66/100